http://www.enfoquespositivos.com.ar/front.php?id=3357
Los datos son incuestionables, por más que el Gobierno, como es su costumbre, los quiera relativizar
Recientes informes provenientes de fuentes normalmente confiables, mostraron datos sociales preocupantes, referidos a la Educación y a la pobreza. La UNESCO, los brindó en el caso de la disminución de chicos estudiantes en la Argentina; mientras que el referido a la pobreza fue presentado por una dependencia de una importante central sindical, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).
Claro que no es necesario, si uno no vive en una burbuja, acudir a este tipo de estudios como para advertir la situación a la que se alude.
No hay menos pobres en la Argentina, que en los años 2001 y 2002. Es posible que hayan mejorado su situación económica, aunque sea levemente, algunos pocos sectores que pudieron recibir el derrame de la Economía que mejoró entre los años 2005 y 2006, como consecuencia de un fenómeno internacional que afectó positivamente a la Argentina, y que lamentablemente no fuera aprovechado, ni en lo económico ni en lo político, por ese entonces.
Es más, probablemente haya ahora más pobres en el país, que cuando se dio lo peor de la crisis señalada. Al menos podría decirse que hay un aumento perceptible de la pobreza.
El estudio en cuestión indica que el 37,5 % de los chicos y jóvenes menores de 18 años que viven en las ciudades argentinas, son pobres. Mientras que el 18,3 % es indigente.
Y en cuanto a la falta de Educación, las cifras de la UNESCO dicen que hay 246.000 alumnos menos en las Escuelas secundarias del país, que en 1999.
Datos muy graves por cierto, porque indican que en la Argentina vamos para atrás. Decididamente para atrás …
Ahora puede imaginarse qué tipo de afectación tiene esta realidad, con relación a otro fenómeno tan preocupante en el país -ocupa casi siempre el primer lugar en las encuestas sobre temas que angustian a la gente-, como lo es el de la Inseguridad.
No hace mucho se habló aquí, en ENFOQUES POSITIVOS, de la enorme cifra de jóvenes y niños que viven sin estudiar ni trabajar en el área metropolitana, esa que abarca la Capital Federal y una franja importante del conurbano bonaerense.
Fácil pasto para el delito y para la drogadicción, tan ligados un caso al otro. Mientras tanto, no se conocen políticas, ni del Gobierno Nacional como tampoco del bonaerense, que fijen objetivos claros, en sus resultados y en el tiempo, para ir terminando con los problemas.
Más bien, al no haber políticas ni tampoco vocación manifiesta de resolver esos temas, la Inseguridad crece y el narcotráfico encuentra un campo de desarrollo y realización como no lo hay en otros lugares del planeta, porque ni siquiera en los tres más grandes centros urbanos del subcontinente, como lo son San Pablo, Río de Janeiro, y México (DF), existe esa facilidad, en razón de los controles que allí se implementan, y las políticas duras para prevenir el crecimiento de los delitos, pese a que en algunos casos esas buenas voluntades se ven desbordadas por la realidad.
Si a lo descripto se le suma la posibilidad de un ingreso irrestricto de grandes capitales a la Argentina con la finalidad de lavar su origen e invertir en estas tierras, para consolidarse inclusive aquí, el futuro pasa de gris a negro.
La referencia alude al actual proyecto del Gobierno de abrir nuestras fronteras indiscriminadamente a cualquier tipo de dineros y procedencias, según se explicita más claramente en la Edición anterior de este medio.
Por lo pronto es positiva la reacción de la población en cuanto a los reclamos que se generan permanentemente para conseguir mayor Seguridad. Y en tal sentido, los políticos tomarán nota de esta necesidad de la gente y tal vez muestren un costado más razonable a la hora de impulsar campañas, las que no sólo deberían estar dirigidas a combatir el delito, como cosa elemental y urgente, sino a contener, como medida preventiva, pero mucho más por una primaria razón moral y cristiana, a los tantos jóvenes y chicos que hoy están desamparados.
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