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Es fácil hablar de inseguridad. Todos hablamos de eso, todos somos o nos sentimos maestros en el tema, y todos estamos capacitados para hablar de ese tema porque sabemos que nos falta o sabemos que hacemos día a día para intentar estar más seguros. Ponemos una reja más, contratamos un servicio de monitoreo de alarmas, convocamos a los vigiladores nocturnos para entrar o salir de nuestras casas, y todo esa cantidad de innumerables cosas que hacemos para sentirnos más protegidos nos hacen sentir eruditos en el tema.-
Pero no todos estamos capacitados para encarar la problemática de la inseguridad en todos sus aspectos, y al momento de proponer soluciones esos “expertos” sólo pueden pasear un féretro o gritar hasta desgañitarse por un megáfono ¿Pensarán que por la fuerza y con un par de gritos exasperados, y muchas veces gritos de frases sin sentido, van a lograr un cambio en la mentalidad de la sociedad? ¿Así pretenden darnos más seguridad estos “expertos”? ¿O buscan presionar a las autoridades para que les den un lugarcito en algún rincón del municipio? ¿Pretenderán una quita impositiva? ¿O solamente un poco de prensa? ¿Ser famosos 5 minutos? ¿Nuestro dolor vale 5 minutos de fama para estos inescrupulosos seres?
Hace 17 meses, por un lamentable accidente, tuve que ver a mi marido en un ataúd, y la verdad observar como ciertos “personajes” se dan el “placer” de pasear un féretro y tirarlo en la municipalidad me provoca náuseas, dolor, lágrimas.
A los que realmente perdimos a un ser querido como consecuencia de la delincuencia o de un accidente de tránsito, a los que sin saber cómo ni porqué fue que de repente esa persona desaparece de nuestras vidas y pasamos de verlo parado en la puerta de nuestro hogar despidiéndose a verlo en una empresa fúnebre, ocupando el papel principal de la película, representando al muerto, a esos, ver un ataúd nos conmueve, nos emociona, nos hace revivir momentos muy duros de nuestras vidas. Momentos que plasman la muerte de un ser querido. Y cuando esa muerte se presentó, arrebatando una vida en forma violenta, más sensibles nos sentimos ante esas cosas.
Pero a algunos que dicen saber de seguridad y qué hacer para combatir la inseguridad eso no les conmueve, no los motiva, no les provoca dolor alguno. Esos solo expresan violencia y parecen ser capaces de vender su alma al diablo por cinco minutos de gloria. Por eso, a esos sabelotodo, poco les importa pasear un féretro y sonreír a las cámaras.
Viendo imágenes como esas me pregunto ¿Quién es más violento y agresivo? ¿El delincuente o el que pasea nuestro dolor por las calles como si fuera propio en pos de lograr su egoísta objetivo? ¿Qué buscará esta gente? ¿Mejor seguridad o generar inseguridad e incertidumbre?
En realidad, si trato de adjetivar a estos seres, solo puedo decir que son POBRES TIPOS en busca de cinco minutos de fama.
Alguien debería enseñarles que con el dolor por la pérdida de un ser querido no se juega, un ataúd por más simbólico que sea no debe ser paseado ni utilizado con otro fin que aquel para el que fue diseñado: llevar los restos de un muerto.
A estos autoproclamados representantes del sentir popular que gozan paseando ataúdes o gritando exasperadamente utilizando un megáfono, les sugiero dejar de usar el dolor ajeno y vigilar sus inversiones fuera del ex corralito o vender algún kilo más de fruta o cien gramos más de fiambre.
Es hora que los falsos profetas que viven declamando seguridad dejen de usar el dolor ajeno y piensen qué hacer para que las cosas no vuelvan a suceder.
Brinden soluciones, no usen nuestro dolor para sus fines personales. Traten de hacer algo productivo que le sirva a la sociedad.
Si algún funcionario público les prometió algo en época electoral y no les cumplió exijan su cumplimiento con otras armas que no sean el dolor y la pérdida que otros sufrimos.
Dra. Norma S. D´Addato Regner
viernes, 28 de noviembre de 2008
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